Carmelita

blond-girl


–Me voy. Ya no lo amo –dijo ella.
–Yo mismo le abro la puerta –le dije.
–Usted es una porquería de hombre. Me voy con un hombre de verdad.
–Usted lo que necesita es un sordo que no pueda oír tantas estupideces.
–El es todo un caballero –dijo ella.
–Apuesto a que si –le dije– Todos lo son al principio, cuando quieren meterse entre sus piernas, cuando las conversaciones son interesantes; cualquier idiota puede arreglárselas para ser simpático por quince minutos.
–¡Imbécil! –me dijo, mientras me lanzaba una mirada llena de repudio.
–Nadie la va a amar más que yo. Se ve bien en ese vestido. Buena elección –le dije.
–Siempre que me lo pongo me dice lo mismo –dijo ella.
–¿Necesita que le llame un taxi?.
–No, el va a venir por mi.
–Si se arrima aquí le meto un pie por el culo –le dije.
Escuché el sonido de un motor afuera de la casa.
–Ahí esta, ya llegó. Me voy –dijo ella.
La acompañé a la puerta, intenté darle un beso y me golpeó en la cara.
Contemplé su espalda mientras se alejaba. Pensé: “Mierda, esta vez si se fue.”
Tomé el cartón de Don Simón que estaba sobre la mesa y solo salió un chorrete que cayó fuera del vaso.
Pasó una rata corriendo y se metió debajo de la refri. La rata ahora lleva aquí 2 años y se llama Carmelita.

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